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Victimas de la Violencia de Pandillas en América Central Solicitan Asilo en Estados Unidos

Las noticias que detallan el aumento de la violencia relacionada con las pandillas en Centroamérica han captado la atención del público en todo el mundo. Estos informes suelen venir acompañados de fotos horripilantes de cuerpos desmembrados y de recuentos de personas desaparecidas. La mayoría de esta violencia de pandillas tiene lugar en Guatemala, El Salvador y Honduras, en el denominado “Triángulo del Norte”. Según el Departamento de Estado de EE.UU., estos tres países tienen una elevada tasa de asesinato de 103.1 muertes por cada 100.000 ciudadanos, en comparación con la tasa de 4.5 asesinatos por cada 100.000 ciudadanos de Estados Unidos. No es de extrañar que casi el 9% de los ciudadanos que viven en un país del Triángulo del Norte hayan emigrado.

Una de las principales preocupaciones relacionadas con esta violencia de pandillas es la seguridad de los individuos que han sido fijados como objetivo de las pandillas o que son antiguos miembros de las pandillas que desean escapar de las represalias. Muchos de estos individuos intentan solicitar asilo en EE.UU. en un intento por escapar de esta violencia de pandillas. Sin embargo, la mayoría de solicitudes basadas en la violencia de pandillas han sido históricamente negadas.

Los ciudadanos extranjeros pueden solicitar asilo en los EE.UU. si temen ser perseguidos debido a su raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social en particular. Si el gobierno estadounidense encuentra que un individuo es elegible para el asilo, éste puede permanecer en Estados Unidos junto con su cónyuge y cualquier hijo menor de 21 años. El individuo puede entonces solicitar la tarjeta de residencia permanente, o “tarjeta verde”, un año después de haberle sido concedido el asilo.

Hasta ahora, con sólo un puñado de excepciones, ha sido casi imposible para los solicitantes que huyen de la violencia de las pandillas cumplir los requisitos de asilo en los Estados Unidos. Estos individuos no entran en las categorías de raza, religión, nacionalidad u opinión política, dejando sólo la categoría de “pertenencia a un grupo social en particular”. Aunque ésta es una clasificación aparentemente ambigua, los tribunales estadounidenses han mantenido generalmente que los individuos que temen a la violencia o al reclutamiento de las pandillas no son considerados miembros de un grupo social en particular. Por tanto, no cumplen los requisitos de elegibilidad para el asilo bajo ninguna de las cinco categorías.

Además, el solicitante de asilo debe establecer tres hechos en relación a la persecución a la que se enfrenta. En primer lugar, el solicitante de asilo debe demostrar que se enfrenta a una persecución extrema, no simplemente a un temor general de que pueda ocurrir violencia. En segundo lugar, el solicitante debe demostrar que el gobierno del solicitante fue cómplice en la persecución o es totalmente incapaz de proteger al solicitante frente a la persecución. No es suficiente con alegar que las autoridades locales reciben sobornos de los miembros de las pandillas para ignorar la violencia o que los programas nacionales que intentan abordar la violencia fracasan en su mayoría. En tercer lugar, el solicitante debe explicar por qué no puede trasladarse a otra zona de su país para escapar de la persecución.

Las organizaciones humanitarias y los grupos de defensa solicitan un enfoque más humanitario en relación al proceso de asilo, incluyendo la ampliación de los programas de Estatus de Protección Temporal (TPS), que deberían ampliarse para incluir a los individuos (especialmente a los niños) que se enfrentan a la violencia de las pandillas en El Salvador, Guatemala y Honduras. Actualmente, el TPS está limitado en gran parte a las víctimas de los desastres naturales, como los huracanes. Aquellos que abogan por ampliar el TPS argumentan que los individuos que se enfrentan a la violencia de las pandillas podrían acabar volviendo a su país de origen si la situación mejora allí. Otros simplemente recomiendan a aquellos que temen a la violencia de pandillas que sigan solicitando asilo con la esperanza de que los tribunales decidan sentar un nuevo precedente reconociendo a las víctimas de la violencia de pandillas como miembros de un “grupo social en particular”. Aunque una oficina de asilo o un tribunal de inmigración pueden conceder algunas solicitudes según el caso particular, esa parte sigue estando muy lejos de resultar como ley.

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